La semana pasada en la CinemaCon de Las Vegas, Walt Disney soltó una bomba que pocos vimos venir: Infinity Vision. Y no, no es el título de una nueva película ni de una serie; es un nuevo estándar de certificación que Disney otorgará a las salas premium de gran formato PLF (Premium Large Format) para garantizar que cumplen con unos requisitos técnicos de altísimo nivel.

Básicamente, es su forma de decir: “Aquí es donde verás mis pelis de Marvel y Star Wars como Dios manda”. Pero no nos engañemos: detrás de este nuevo sello hay una guerra de despachos brutal por el control de la experiencia premium.

El factor «Dunesday»

¿Cómo ha surgido esto? Pues ahí está la clave del asunto: Disney ha entrado en pánico con el calendario. Warner Bros. ha logrado un acuerdo de exclusividad para que Dune: Parte 3 esté en las salas IMAX de medio mundo durante las primeras semanas de su estreno, previsto para el 18 de diciembre de 2026. Que se note que la cinta de Denis Villeneuve se ha rodado nativamente con cámaras IMAX. ¿Y qué llega ese mismo día? Pues Vengadores: Doomsday.

Existía la duda de si alguna de las dos gigantes movería la fecha de estreno, pero tras la preventa de Warner y el silencio de Disney en la CinemaCon, todo apunta a que la batalla en la cartelera será inevitable. Y como se han quedado sin el «juguete favorito» de los fans, Disney ha tenido que improvisar su propio «producto».

Lanzar Infinity Vision es una jugada estratégica ante una situación de vulnerabilidad. Es el equivalente a que te echen de una fiesta y decidas montar la tuya en el local de al lado, diciendo que la tuya es más exclusiva. Disney se ha dado cuenta de que depender de terceros le hace débil, así que se han inventado su propia categoría premium para que el público no sienta que, fuera de IMAX, está viendo una versión «barata» de la película.

La sopa de letras del PLF

Hasta hace unos años, si querías ver una película «por todo lo alto», las opciones estaban claras: IMAX o Dolby Cinema. Son marcas externas con estándares cerrados que instalan su propia tecnología y certifican cada sala con su sello. Sin embargo, las grandes cadenas estadounidenses se cansaron de pagar cánones y decidieron crear sus propias marcas blancas «premium»: AMC lanzó Prime y XL, Regal creó RPX, y Cinemark, XD.

¿El problema? La inconsistencia. En una sala XD puedes encontrar una proyección láser increíble, pero en otra, un proyector antiguo con la lámpara agotada. No existe un control de calidad unificado, pero el recargo en la entrada te lo cobran igual. Aquí es donde entra Infinity Vision: Disney le dice al cine que, si quiere lucir su sello de calidad, deberá garantizar que el proyector no esté a mitad de potencia para ahorrar luz.

En España ya conocemos bien este tipo de salas con las iSense y XL de Cinesa, o las MacroXE de Cine Yelmo o la más reciente la pantalla LED transparente Tricorne del Odeón Sambil de Madrid. Con la iSense, las MacroXE y por supuesto la LED tiene sentido, pero lo de las salas XL fue una jugada rastrera que se sacaron de la manga en 2024. Una más a la larga listo. 

Básicamente, le pusieron el logo a las salas más grandes que ya tenían desde siempre para empezar a cobrar un plus por un «tamaño» que antes era el estándar. Disney parece haber tomado nota y ahora, además del pique con Dune: Parte 3, quiere asegurarse de que ese extra que paga el espectador se traduzca, al menos, en una imagen impecable.

Los requisitos técnicos de Infinity Vision

Para que una sala luzca el certificado Infinity Vision y Disney no quede en evidencia frente a IMAX, debe cumplir tres requisitos innegociables: Pantalla grande (Mínimo unos 15 metros de ancho), Proyección Láser (Nada de lámparas de Xenón) y Audio Inmersivo (Dolby Atmos como gran referente pero tambié se acepta sonido 7.1).

Como veis, Disney no está inventando la rueda; simplemente audita lo que ya existe y le pone su pegatina. De momento, ya hay 300 salas certificadas en todo el mundo, aunque todavía no han publicado una lista oficial con los nombres o ubicaciones de los cines elegidos. 

A falta de más información, el logo de Infinity Vision empezará a aparecer en las carteleras online y en las salas físicas a partir de que se pongan a la venta las entradas para el reestreno de Avengers: Endgame (previsto, en principio, para el 25 de septiembre). Sí, habéis leído bien: Disney ha decidido estrenar su sello técnico con el reestreno de la mítica Endgame antes que con el debut de Doomsday.

Lo que sigue siendo un misterio es si veremos un logo físico en la entrada de las salas al más puro estilo de las XL de Cinesa. Porque está claro que esta certificación nos llegará tarde o temprano a España. 

Por cierto, todo este movimiento de Disney para recuperar el prestigio técnico (o al menos aparentarlo) me recuerda muchísimo al mítico THX de los años 90. ¿Alguien se acuerda de él? Para los más jóvenes o los nostálgicos, ahí va un poco de contexto.

El THX como control de calidad

El THX no era un formato de sonido como el Dolby; era, en esencia, un «policía de calidad». Si un cine quería lucir ese sello, tenía que superar un examen técnico brutal que auditaba una vez al año cada detalle de la sala: desde el aislamiento acústico y el tiempo de reverberación, hasta la calibración del sonido en sus dos etapas (la lectura del proyector y la respuesta de los altavoces). Y aunque su fama venía por el audio, también medían la intensidad luminosa y la nitidez de la proyección para que las lámparas de Xenón no perdieran detalle.

Todo se remonta a 1983. George Lucas estaba terminando El Retorno del Jedi y se dio cuenta de que se gastaba millones en postproducción de sonido para que luego, en el cine de barrio, la película sonara a lata, los diálogos fueran ininteligibles y los graves brillaran por su ausencia. Así nació el TAP (Theatre Alignment Program), el programa que enviaba ingenieros a las salas para asegurar que lo que Lucas escuchaba en su estudio fuera exactamente lo que tú escuchabas en tu butaca.

Eso sí, a diferencia del planteamiento de Infinity Vision, los cines THX contaban con procesadores de sonido específicos para que el técnico pudiera «domar» la acústica de la sala. Sin ese control directo, el sello THX habría sido solo una pegatina en la puerta y no una garantía técnica de que el equipo rendía al 100%. Lo que está claro es que cuando veias el logo de THX sabías que en ese cine lo escucharías todo como debía ser.

De momento nada más sobre el THX. Quizás otro día desglosamos más cosas usando fotos exclusivas de salas españolas y comentando todos esos tecnicismos que tanto nos (y os) gustan. Y por supuesto, también se podrían recordar los míticos spots del robot liándola parda con el logo de THX antes de empezar la película.

De momento, os dejamos con las fotos de los dos procesadores que tenía el Kinépolis Ciudad de la Imagen de Madrid. En el ya lejano año 2003, este complejo fue uno de los pocos en toda España en tener sus 25 salas certificadas bajo los estrictos estándares de Lucasfilm.



En definitiva, lo que estamos viviendo es un movimiento cíclico en la industria aderezado con un poco de posicionamiento de marca. Disney lanza Infinity Vision porque las salas premium son un caos de marcas y porque siente que, en esta ocasión, ha perdido poder en la exhibición. Usan la tecnología que otros ya han pagado (los proyectores láser, equipos Dolby Atmos…) para ponerse ellos la medalla.

El tiempo dirá si Infinity Vision se queda en una pegatina más o si realmente consigue que el espectador recupere la confianza en lo que significa, de verdad, una experiencia “premium” en el cine.