Esta semana nuestro equipo de Barcelona ha estado en la Integrated Systems Europe (ISE), la feria de tecnología audiovisual e integración de sistemas más importante del mundo. Tuvo lugar del 3 al 6 de febrero en el espacio Gran Via de la Fira de Barcelona, uno de los más grandes y modernos recintos feriales de Europa.

Entrada principal de la ISE 2026

Es cierto que la ISE cubre muchos sectores (eventos, educación, retail), y que no es una feria dedicada al mundo de la exhibición como la CineEurope, pero al menos habían marcas con su stand que eran de visita obligatoria. Aunque después de pasear y pasear realmente sólo destacamos una: Christie.

Ya sabéis que muchos de los que gestionamos esta web somos técnicos de proyección y/o encargados, así que nos gusta estar al día en eso de las nuevas tecnologías de cabina.

Stand de Christie

Christie es uno de los líderes mundiales en proyección digital para cine y tecnologías de audio. Después de la presentación del año pasado de su tecnología de Rango Dinámico Variable (VDR), el HDR de la propia Christie, este año la joya de la corona era el proyector CP4420m-RGBH, un equipo con una tecnología híbrida de láser RGB y fósforo que logra un equilibrio perfecto entre la viveza del color propia del láser RGB y un coste operativo mucho más ajustado.

El nuevo juguete

Se trata del primer proyector del mundo que mezcla lo mejor de dos mundos en alta potencia en un equipo ligero (60kg), silencioso (menos de 47 dBA) y que entrega unos 20.000 lúmenes a a 4K nativo (gracias al chip DMD de 0.98”). Todo lo necesario para darle lo suyo a una pantalla de hasta 18 metros en 2D y entre 10-12 metros en 3D.

Pero para entender la relevancia de este nuevo equipo, es fundamental explicar de dónde viene esta arquitectura híbrida. Hasta hace poco, el mercado de la proyección láser se dividía en dos mundos claramente diferenciados: el láser fósforo y el láser RGB puro.

El láser fósforo es la tecnología más común y económica dentro del mundo láser. Estos proyectores no tienen láseres de todos los colores; en realidad, utilizan diodos de láser azul como fuente primaria. Para conseguir el resto de la gama cromática, el láser azul impacta contra una rueda giratoria recubierta de fósforo amarillo, lo que genera luz amarilla. Esta luz se combina con el azul original a través de un filtro dicroico para crear la luz blanca necesaria. Finalmente, esa luz blanca se divide mediante un prisma o rueda de color en los tres colores primarios (rojo, verde y azul) para que el chip de imagen pueda formar la escena completa.

El chip DMD (Digital Micromirror Device) es una pieza de silicio cubierta por millones de espejos microscópicos, donde cada uno representa un píxel de la imagen. Estos espejos se mueven miles de veces por segundo, inclinándose para reflejar la luz hacia la lente si el píxel debe estar encendido, o hacia una ‘trampa de luz’ si debe estar apagado. Si en Regreso al Futuro el Condensador de Fluzo era lo que hacía posible viajar en el tiempo, el chip DMD es el componente que hace posible ‘dibujar’ la imagen que vemos en la pantalla.

Chip DMD y detalle de los microespejos.

El principal “problema” es que el color rojo que se obtiene suele ser más débil o anaranjado, ya que proviene de una transformación química y no de una fuente pura. Eso hace que el color de la proyección no sea perfecto y sólo se consiga una gama de color de DCI-P3, que aunque es el estandar que se exige en las salas de cine profesional, sólo representa un 35% de todos los colores que puede ver el ojo humano. Eso sí, los proyectores de fósforo suelen durar más horas antes de empezar a perder brillo.

En cambio el láser RGB, conocido como Real | Laser, cuenta con tres fuentes de luz independientes: diodos láser rojos, verdes y azules dedicados. No hay ruedas de fósforo ni transformaciones químicas de por medio; cada color primario se genera de forma nativa y pura y se dirige a su propio chip DLP a través de un prisma de alta precisión.

La diferencia visual en pantalla es abismal, generando una gama mucho más amplia de colores, incluidos tonos muy saturados e intensos, lo que proporciona una experiencia visual más realista y rica. Está cerca del flamante espacio de color Rec. 2020, que cubre un 75% de lo que puede ver el ojo humano.

Os estaréis preguntando: Si el láser RGB ofrece un rendimiento espectacular, ¿qué aporta realmente el fósforo en esta mezcla híbrida? Pues la respuesta reside en tres beneficios estratégicos que el láser RGB puro, por sí solo, todavía tiene dificultades para igualar en equipos de tamaño medio y compacto.

1. Densidad de lúmenes y eficiencia de costes

Los diodos de láser azul del fósforo son extremadamente potentes y eficientes. Producir 20,000 lúmenes usando solo láseres RGB es carísimo porque los diodos rojos y, especialmente, los verdes son mucho más costosos de fabricar y requieren más energía para brillar con la misma intensidad. El fósforo permite alcanzar esos niveles de brillo “masivo” de una forma mucho más económica y compacta, usando el láser azul como motor principal para generar la mayor parte de la energía luminosa.

Es importante aclarar que estos diodos no son simples bombillas sueltas. Tanto en los proyectores de fósforo como en los RGB, la luz proviene de módulos metálicos compactos (bancos de diodos) que agrupan decenas de emisores láser. Cada emisor cuenta con su propia micro-lente para generar un chorro de luz paralelo y extremadamente potente. Todos esos haces se combinan y pasan luego por una lente de enfoque principal que los concentra y los dirige con total precisión hacia el siguiente componente del sistema.

2. Estabilidad térmica y tamaño

Los láseres verdes y rojos del láser RGB son muy sensibles al calor; si se calientan un poco, pierden brillo o cambian de color (lo que obliga a tener sistemas de refrigeración líquida en el interior del proyector o equipos gigantes externos como ocurre en el sistema CINITY). El sistema de láser azul con rueda de fósforo es mucho más robusto térmicamente. Esto es lo que permite que el proyector que viste sea tan pequeño y silencioso.

Si intentásemos meter un chorro de 20,000 lúmenes de RGB puro en ese mismo chasis, probablemente el proyector se sobrecalentaría y haría muchísimo más ruido para mantenerse frío con ventiladores.

3. Eliminación del dichoso speckle

Debido a que los láseres RGB puros emiten una luz tan coherente y precisa, suelen generar un efecto visual conocido como speckle, que se manifiesta como un leve granulado o un efecto de “purpurina” sobre la imagen, especialmente perceptible en las zonas blancas. Por el contrario, la luz que genera el fósforo es una luz “convertida”, lo que la hace mucho más incoherente y suave. Al integrarla en la mezcla, el fósforo actúa como un difusor natural que ayuda a que la imagen se vea limpia y libre de ese molesto granulado.

Lo más interesante es que esta combinación permite prescindir de soluciones externas más complejas y costosas. Gracias a este aporte del fósforo, se logra una imagen impecable sin tener que recurrir a pantallas equipadas con dispositivos de vibración, los conocidos shakers, que se instalan detrás de la tela para intentar mitigar ese moteado de forma mecánica.

En el stand de Christie también pudimos ver de cerca la nueva Serie Korus, que consiguen heredar la tecnología que hasta ahora estaba reservada para los proyectores gigantes de cine y condensarla en un chasis mucho más pequeño, silencioso y eficiente gracias al uso de un solo chip. Gustó tanto que obtuvo el galardón “Best of Show” de Systems Contractor News (SCN) por lograr un equilibrio excepcional entre potencia y portabilidad, destacando su diseño un 30% más ligero que la competencia y su capacidad para ofrecer imágenes 4K UHD+ de alto brillo en un chasis compacto.

Más majos que las pesetas

Sin embargo, es el proyector híbrido el que está generando una verdadera expectación en la industria. Aunque no pudimos asistir a ninguna sesión de prueba comparativa —un as en la manga que seguramente se guardan para la CineEurope de junio—, tuvimos la oportunidad de charlar con Janina Baltaziewicz, ingeniera técnica de Christie y Markus Overath, director senior de ventas de la empresa para la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África) con más de 30 años de experiencia. Más allá de confirmar que son encantadores, su conocimiento técnico es abrumador y nos ayudaron a desgranar los detalles de este sistema y a entender por qué esta tecnología va a marcar un antes y un después en las salas medianas.

Ya hemos comentado que en la ISE había más marcas relacionadas con los cines, como Barco o Q-SYS, pero no presentaban productos dedicados exclusivamente a la exhibición. De hecho, lo más cercano eran productos en la zona de retail, donde había pantallas para anunciar precios, ATMs para los puntos de venta o incluso agentes virtuales para dar la bienvenida. Esa era la parte más futurista, aunque no había nada tan concreto como aquel robot humanoide chino sirviendo palomitas.

¿El cine del futuro?

Lo más interesante que vimos —más allá de los proyectores de Christie y aunque no esté directamente vinculado a la exhibición comercial— fue el pasillo inmersivo “Breathe”, creado por el estudio barcelonés Instronic.

Se trataba de una intervención espacial situada en el corredor que conecta el Pabellón 8 con el resto del recinto de Fira Barcelona. Su objetivo era transformar un espacio puramente funcional (un lugar de paso rápido y estrés) en un “momento de presencia”.

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¿Cómo lo lograban? Mediante una combinación de iluminación, diseño sonoro y visuales digitales abstractos que evolucionaban rítmicamente en un bucle de cuatro minutos. La pieza, fundamentada en principios de percepción humana, buscaba recalibrar la atención del visitante y reducir sus pulsaciones tras el caos frenético de los stands. Y la verdad es que lo conseguían.

¿Y por qué lo hemos destacado? Pues porque los muchachos de Instrionic encabezan una parte importante de la remodelación del cine Phenomena de Barcelona. ¿Tendremos allí un vestíbulo del cine pero con posters animados? Sólo sabemos que esta empresa catalana tiene propuesta acojonadamente impresionantes. De ahí sólo puede salir algo bueno.