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¿ERES EL ÚLTIMO? Los especímenes de las colas

Si no has sido de los listos que ha comprado la entrada por Internet, lo primero que tendrás que hacer para ir al cine será hacer la protocolaria cola. 

Estamos hartos de hacerlas en la panadería, en el super, en las paradas de autobús, pero las colas de los cines son especiales. Sobretodo cuando la cola de comprar entradas es la misma que la del bar por decisión del visionario de turno. El director general que lo inventó debería pasar un rato en la sala de torturas de Gerard Butler en Un ciudadano ejemplar (2009).

Así que mientras la haces tómate un momento para a analizar a tus posibles vecinos de butaca: esa pareja joven que se enrolla a muerte, a la señora mayor emperifollada que busca en su monedero los centimillos para descargar en la taquilla, al padre con sus hijos con pocas ganas de ver la nueva de Disney o al que tiene cara de… no saber qué demonios hace en una cola de un cine.

Estos últimos son los que preguntan en taquilla cuánto valen las tarjetas de autobús, donde está la entrada al BINGO o hasta (los más salidorros) lo de “¿dónde están las chicas?” pensando que donde están haciendo cola es un puticlub. Señores, tener luces en las marquesinas y que haya una chica maquillada bien maja en una caja de cristal no lo convierte automáticamente en el cine del barrio rojo de la ciudad.

Al menos la gran mayoría de esos se van y no entran. Un día un portero de sala lo flipó porque un señor mayor que estaba mirando posters en el vestíbulo con cara de no entender nada le preguntó dónde demonios estaba el pasillo de los congelados. 

Pero de todos ellos hay un especimen que la gente corriente no ve pero que los que trabajan en cines sí: los que llegan antes de los trabajadores.

¿Os da la misma rabia que nosotros que os pregunten con ropa de calle si el estreno es bueno?