đź“° [PERIĂ“DICO] Entrevista a Fernando RamĂrez, operador del Festival de Málaga y del Cine AlbĂ©niz.
Cita de Sala Abierta en 6 de agosto de 2026, 17:22[Entrevista de Paco Griñán a Fernando RamĂrez, responsable tĂ©cnico (operador) del Festival de Málaga y por ende del Cine AlbĂ©niz. Publicada en el Diario Sur el 3 de agosto de 2026.]
Puede decir que lo suyo es una vida de pelĂcula. Y aunque no ha pisado un rodaje, lleva más de tres dĂ©cadas entre bobinas, moviolas y proyectores. Fernando RamĂrez (Málaga, 1965) ha pasado por todos los puestos de un cine hasta escalar a lo más alto: la cabina. No le gusta lo de jefe, por lo que prefiere la denominaciĂłn de responsable tĂ©cnico, puesto que ocupa en el AlbĂ©niz, donde empezĂł su carrera, para pasar despuĂ©s por el Regio, el Astoria y Plaza Mayor. Nos acomodamos en la sala 4 del cine del Festival de Málaga para charlar con la pantalla en blanco como testigo. Esta vez, el discreto exhibidor se convierte en protagonista y confiesa que, con el digital, las proyecciones son «perfectas», aunque su trabajo ha perdido romanticismo. No obstante, no se deja invadir por la nostalgia e incluso reniega de la canĂłnica 'Cinema Paradiso'. Le parece «ñoña».
—¿El cine ha muerto?
—Llevo escuchando eso desde que entré a trabajar. ¡Qué muerte más rara cuando hay salas por todas partes! Lo que ocurre es que ha cambiado y ahora es más fragmentario y de culto. El propio Albéniz tiene un público fiel y, cada vez, más numeroso.
—¿Lo suyo es una vida de cine?
—Algo asĂ. Curiosamente empecĂ© a trabajar aquĂ, en el AlbĂ©niz. La memoria me flaquea porque no sĂ© si fue a finales del 91 o comienzos del 92. DespuĂ©s, cambiĂ© de empresa al circuito Astoria y, curiosamente, cuando se cerrĂł el primer cine de la cadena, el Echegaray, yo fui el que entreguĂ© la llave en el Ayuntamiento y firmĂ© el papelito. En el 2000 comencĂ© en Yelmo Plaza Mayor, donde estuve hasta que en 2010 me vine de nuevo aquĂ, al AlbĂ©niz, siendo ya empresa municipal. Toda una vuelta para llegar al mismo sitio.
—¿Y cómo se dedicó a esto?
—Por casualidad. HabĂa acabado la mili, tenĂa 25 años y mi tĂo, que era jefe de policĂa en Marbella, conocĂa al dueño del AlbĂ©niz, Paco GĂłmez Reyes, que vivĂa allĂ. Me contĂł que necesitaban a gente en el cine de manera provisional. EntrĂ© y mira, aquĂ sigo.
«Llevo escuchando eso desde que entré a trabajar. ¡Qué muerte más rara cuando hay salas por todas partes»
—¿Y quĂ© hacĂa?
—De todo. Portero, acomodador y taquillero, aunque lo que me gustaba era meterme en la cabina. PedĂ que me enseñaran a encender los proyectores y fui aprendiendo poco a poco. Sobre todo en la etapa en el circuito Astoria, con Miguel Herrera y Pedro Cobos, que fueron los que me enseñaron a preparar las pelĂculas y arreglar cualquier averĂa.
—¿Jefe de Cabina suena antiguo?
—Pues lo que no me gusta es lo de jefe. Yo digo «responsable técnico» porque soy la cabeza visible de un equipo. Nos conocemos tanto que, con una mirada, ya nos lo decimos todo.
—¿Y va al cine o está harto de que le cuenten pelĂculas?
—Ja, ja. ÂżSabes lo que ocurre? Pues cuando voy a cualquier cine me encuentro con antiguos compañeros, me pongo a hablar y cuando me doy cuenta la pelĂcula lleva ya una hora de metraje.
—¿Cuál es la última que ha visto?
—'La Grazia', de Paolo Sorrentino, que es un director maravilloso. En septiembre tenemos en el AlbĂ©niz el ciclo de la Edad de Oro de pelĂculas clásicas y no te voy a decir que las veo todas, pero casi. Es inigualable sentarte en una sala sin nadie, ni un ruido y ver la pelĂcula. Hombre, tambiĂ©n estoy buscando fallos de la proyecciĂłn. Te confieso que ya no puedo ver una pelĂcula con los ojos de un espectador normal.
—El Albéniz ha cumplido 80 años. ¿Es un viejoven?
—Es el más antiguo y, además, el Ăşnico en el centro de la ciudad, lo cual tiene mucho mĂ©rito. Y me voy a poner una medallita. Cuando volvĂ en 2010, habĂa un solo proyector digital, mientras que los otros tres eran analĂłgicos. Junto a Juan Antonio Vigar —gerente de Málaga Procultura—, apostamos por pasarnos a lo digital, porque veĂamos que iba a ser inevitable. Fuimos el primer cine que montamos un proyector láser y los Ăşnicos que tenĂamos sonido totalmente digital, algo que ya tienen todos.
—Pero con la proyección digital se acabó el romanticismo.
—Totalmente. Por eso, cuando nos llegan las pelĂculas de Edad de Oro, que todavĂa son en 35 milĂmetros, nos pegamos por montarlas. Coger el saco con las bobinas, tocar el material y arreglar los desperfectos. Eso hoy se ha perdido. Ahora es un disco duro y, a veces, ni eso porque recibo la pelĂcula por Internet. Antes pasaba por una sala y, por el ruido del motor del proyector, ya sabĂa si pasaba algo.
—Como un mecánico con los coches de gasolina…
—Efectivamente, hoy en dĂa el digital es tan perfecto que, a veces, es aburrido.
«La fila de los mandos es en la que se ponĂan las parejas para meterse mano. Era más habitual cuando el cine era analĂłgico, pero sigue pasando»
—¿El mundo desde una cabina se ve como en 'Cinema Paradiso'?
—Voy a reconocer una cosa. No aguanto esa pelĂcula y nunca la he visto Ăntegra. Me parece muy ñoña. Y el trabajo ha cambiado, porque ese puesto, el operador de cabina o proyeccionista, ya no existe. Soy de los Ăşltimos. Tengo mi carnĂ© homologado de la Junta de AndalucĂa y quedamos muy pocos en Málaga con esa titulaciĂłn. Antes tenĂas que estar en la cabina todo el tiempo, pero ahora lo que haces es programar el ordenador. Hasta la luz de sala se enciende automáticamente.
—¿La IA la ve como el malo de la pelĂcula o un aliado?
—Ya en cabina no hay nadie, porque desde el móvil accedo a los proyectores. Con la digitalización ya desapareció la profesión de proyeccionista. Asà que no creo que la IA afecte a mi trabajo más de lo que ya lo ha hecho.
—Vuelvo a lo de antes. ¿Qué se ve desde la cabina?
—Pues la fila de los mancos…
—¿Esa cuál es?
—Pues la Ăşltima, porque era la que se ponĂan las parejas para meterse mano. Era más habitual cuando el cine era analĂłgico, pero sigue pasando. DespuĂ©s estaba el que miraba para un lado y para otro, y se encendĂa un cigarro.
—Ahora lo del cigarro se habrá cambiado por sacar el móvil.
—Los hay… aunque en el Albéniz casi nunca tenemos problemas porque nuestro público viene a ver cine.
—Ni playa ni montaña, ¿contra el terral lo mejor es el cine que además se está fresquito?
—Desde luego, aquĂ se está de lujo: buen cine y sin calores. Ojo, trabajo en un cine de pelĂculas de autor, pero tambiĂ©n reivindico un 'Spiderman' para disfrutar. Que me perdone Santiago Segura, pero a 'Torrente' no voy a ir a verlo, aunque me encantan las comedias tipo 'Dos colgados muy fumados'; me sigo riendo cuando la veo.
—Pocos saben que al Albéniz se puede venir gratis en verano.
—Efectivamente, de lunes a viernes, a las 11 horas, tenemos cine para toda la familia. Y por las noches recuperamos en los distritos y la playa algo que me encantaba de joven, el cine de verano. Todo gratis para salir de casa y de la rutina.
«Hay clientes que son muy especiales, pero lo peor son algunas pelĂculas»
—Del mural de cine español que ha hecho IdĂgoras en el AlbĂ©niz, Âżcon quĂ© pelĂcula se queda?
—Pues con la de JosĂ© Luis Cuerda, 'Amanece que no es poco', la gran comedia del absurdo. Nunca he repetido una pelĂcula o un libro, pero Ă©sta la he visto tres veces. Bueno, esa y 'El Padrino'.
—En todo este tiempo habrá organizado pases privados para celebridades…
—Pues estando en Plaza Mayor, hicimos uno para Harvey Keitel, que estaba rodando en Málaga 'El puente de San Luis Rey'. Vino con el resto del equipo para ver lo que se estaba filmando. Pero soy poco mitómano. Por aquà viene mucha gente durante el Festival de Málaga, pero no tengo ni un autógrafo.
—¿Qué tal su corazón?
—Bien, la verdad. Después del infarto me tengo que cuidar y el gimnasio no lo perdono.
—Eso sĂ que fue una mala pelĂcula…
—Demasiado mala. Entonces fumaba y tomaba ibuprofeno por la artrosis, lo que fue una bomba de relojerĂa. Ahora acabo de pasar una revisiĂłn y estoy estupendo. Además, desde que no fumo, saboreo las comidas o huelo el azahar cuando paso por la plaza de la Merced. Todo eso me lo perdĂa.
—¿Y quiĂ©nes son más malos, las pelĂculas o los espectadores?
—Ja, ja. Buena pregunta, eso es tirar con bala. Hay clientes que son muy especiales, pero lo peor son algunas pelĂculas.
[Entrevista de Paco Griñán a Fernando RamĂrez, responsable tĂ©cnico (operador) del Festival de Málaga y por ende del Cine AlbĂ©niz. Publicada en el Diario Sur el 3 de agosto de 2026.]
Puede decir que lo suyo es una vida de pelĂcula. Y aunque no ha pisado un rodaje, lleva más de tres dĂ©cadas entre bobinas, moviolas y proyectores. Fernando RamĂrez (Málaga, 1965) ha pasado por todos los puestos de un cine hasta escalar a lo más alto: la cabina. No le gusta lo de jefe, por lo que prefiere la denominaciĂłn de responsable tĂ©cnico, puesto que ocupa en el AlbĂ©niz, donde empezĂł su carrera, para pasar despuĂ©s por el Regio, el Astoria y Plaza Mayor. Nos acomodamos en la sala 4 del cine del Festival de Málaga para charlar con la pantalla en blanco como testigo. Esta vez, el discreto exhibidor se convierte en protagonista y confiesa que, con el digital, las proyecciones son «perfectas», aunque su trabajo ha perdido romanticismo. No obstante, no se deja invadir por la nostalgia e incluso reniega de la canĂłnica 'Cinema Paradiso'. Le parece «ñoña».
—¿El cine ha muerto?
—Llevo escuchando eso desde que entré a trabajar. ¡Qué muerte más rara cuando hay salas por todas partes! Lo que ocurre es que ha cambiado y ahora es más fragmentario y de culto. El propio Albéniz tiene un público fiel y, cada vez, más numeroso.
—¿Lo suyo es una vida de cine?
—Algo asĂ. Curiosamente empecĂ© a trabajar aquĂ, en el AlbĂ©niz. La memoria me flaquea porque no sĂ© si fue a finales del 91 o comienzos del 92. DespuĂ©s, cambiĂ© de empresa al circuito Astoria y, curiosamente, cuando se cerrĂł el primer cine de la cadena, el Echegaray, yo fui el que entreguĂ© la llave en el Ayuntamiento y firmĂ© el papelito. En el 2000 comencĂ© en Yelmo Plaza Mayor, donde estuve hasta que en 2010 me vine de nuevo aquĂ, al AlbĂ©niz, siendo ya empresa municipal. Toda una vuelta para llegar al mismo sitio.
—¿Y cómo se dedicó a esto?
—Por casualidad. HabĂa acabado la mili, tenĂa 25 años y mi tĂo, que era jefe de policĂa en Marbella, conocĂa al dueño del AlbĂ©niz, Paco GĂłmez Reyes, que vivĂa allĂ. Me contĂł que necesitaban a gente en el cine de manera provisional. EntrĂ© y mira, aquĂ sigo.
«Llevo escuchando eso desde que entré a trabajar. ¡Qué muerte más rara cuando hay salas por todas partes»
—¿Y quĂ© hacĂa?
—De todo. Portero, acomodador y taquillero, aunque lo que me gustaba era meterme en la cabina. PedĂ que me enseñaran a encender los proyectores y fui aprendiendo poco a poco. Sobre todo en la etapa en el circuito Astoria, con Miguel Herrera y Pedro Cobos, que fueron los que me enseñaron a preparar las pelĂculas y arreglar cualquier averĂa.
—¿Jefe de Cabina suena antiguo?
—Pues lo que no me gusta es lo de jefe. Yo digo «responsable técnico» porque soy la cabeza visible de un equipo. Nos conocemos tanto que, con una mirada, ya nos lo decimos todo.
—¿Y va al cine o está harto de que le cuenten pelĂculas?
—Ja, ja. ÂżSabes lo que ocurre? Pues cuando voy a cualquier cine me encuentro con antiguos compañeros, me pongo a hablar y cuando me doy cuenta la pelĂcula lleva ya una hora de metraje.
—¿Cuál es la última que ha visto?
—'La Grazia', de Paolo Sorrentino, que es un director maravilloso. En septiembre tenemos en el AlbĂ©niz el ciclo de la Edad de Oro de pelĂculas clásicas y no te voy a decir que las veo todas, pero casi. Es inigualable sentarte en una sala sin nadie, ni un ruido y ver la pelĂcula. Hombre, tambiĂ©n estoy buscando fallos de la proyecciĂłn. Te confieso que ya no puedo ver una pelĂcula con los ojos de un espectador normal.
—El Albéniz ha cumplido 80 años. ¿Es un viejoven?
—Es el más antiguo y, además, el Ăşnico en el centro de la ciudad, lo cual tiene mucho mĂ©rito. Y me voy a poner una medallita. Cuando volvĂ en 2010, habĂa un solo proyector digital, mientras que los otros tres eran analĂłgicos. Junto a Juan Antonio Vigar —gerente de Málaga Procultura—, apostamos por pasarnos a lo digital, porque veĂamos que iba a ser inevitable. Fuimos el primer cine que montamos un proyector láser y los Ăşnicos que tenĂamos sonido totalmente digital, algo que ya tienen todos.
—Pero con la proyección digital se acabó el romanticismo.
—Totalmente. Por eso, cuando nos llegan las pelĂculas de Edad de Oro, que todavĂa son en 35 milĂmetros, nos pegamos por montarlas. Coger el saco con las bobinas, tocar el material y arreglar los desperfectos. Eso hoy se ha perdido. Ahora es un disco duro y, a veces, ni eso porque recibo la pelĂcula por Internet. Antes pasaba por una sala y, por el ruido del motor del proyector, ya sabĂa si pasaba algo.
—Como un mecánico con los coches de gasolina…
—Efectivamente, hoy en dĂa el digital es tan perfecto que, a veces, es aburrido.
«La fila de los mandos es en la que se ponĂan las parejas para meterse mano. Era más habitual cuando el cine era analĂłgico, pero sigue pasando»
—¿El mundo desde una cabina se ve como en 'Cinema Paradiso'?
—Voy a reconocer una cosa. No aguanto esa pelĂcula y nunca la he visto Ăntegra. Me parece muy ñoña. Y el trabajo ha cambiado, porque ese puesto, el operador de cabina o proyeccionista, ya no existe. Soy de los Ăşltimos. Tengo mi carnĂ© homologado de la Junta de AndalucĂa y quedamos muy pocos en Málaga con esa titulaciĂłn. Antes tenĂas que estar en la cabina todo el tiempo, pero ahora lo que haces es programar el ordenador. Hasta la luz de sala se enciende automáticamente.
—¿La IA la ve como el malo de la pelĂcula o un aliado?
—Ya en cabina no hay nadie, porque desde el móvil accedo a los proyectores. Con la digitalización ya desapareció la profesión de proyeccionista. Asà que no creo que la IA afecte a mi trabajo más de lo que ya lo ha hecho.
—Vuelvo a lo de antes. ¿Qué se ve desde la cabina?
—Pues la fila de los mancos…
—¿Esa cuál es?
—Pues la Ăşltima, porque era la que se ponĂan las parejas para meterse mano. Era más habitual cuando el cine era analĂłgico, pero sigue pasando. DespuĂ©s estaba el que miraba para un lado y para otro, y se encendĂa un cigarro.
—Ahora lo del cigarro se habrá cambiado por sacar el móvil.
—Los hay… aunque en el Albéniz casi nunca tenemos problemas porque nuestro público viene a ver cine.
—Ni playa ni montaña, ¿contra el terral lo mejor es el cine que además se está fresquito?
—Desde luego, aquĂ se está de lujo: buen cine y sin calores. Ojo, trabajo en un cine de pelĂculas de autor, pero tambiĂ©n reivindico un 'Spiderman' para disfrutar. Que me perdone Santiago Segura, pero a 'Torrente' no voy a ir a verlo, aunque me encantan las comedias tipo 'Dos colgados muy fumados'; me sigo riendo cuando la veo.
—Pocos saben que al Albéniz se puede venir gratis en verano.
—Efectivamente, de lunes a viernes, a las 11 horas, tenemos cine para toda la familia. Y por las noches recuperamos en los distritos y la playa algo que me encantaba de joven, el cine de verano. Todo gratis para salir de casa y de la rutina.
«Hay clientes que son muy especiales, pero lo peor son algunas pelĂculas»
—Del mural de cine español que ha hecho IdĂgoras en el AlbĂ©niz, Âżcon quĂ© pelĂcula se queda?
—Pues con la de JosĂ© Luis Cuerda, 'Amanece que no es poco', la gran comedia del absurdo. Nunca he repetido una pelĂcula o un libro, pero Ă©sta la he visto tres veces. Bueno, esa y 'El Padrino'.
—En todo este tiempo habrá organizado pases privados para celebridades…
—Pues estando en Plaza Mayor, hicimos uno para Harvey Keitel, que estaba rodando en Málaga 'El puente de San Luis Rey'. Vino con el resto del equipo para ver lo que se estaba filmando. Pero soy poco mitómano. Por aquà viene mucha gente durante el Festival de Málaga, pero no tengo ni un autógrafo.
—¿Qué tal su corazón?
—Bien, la verdad. Después del infarto me tengo que cuidar y el gimnasio no lo perdono.
—Eso sĂ que fue una mala pelĂcula…
—Demasiado mala. Entonces fumaba y tomaba ibuprofeno por la artrosis, lo que fue una bomba de relojerĂa. Ahora acabo de pasar una revisiĂłn y estoy estupendo. Además, desde que no fumo, saboreo las comidas o huelo el azahar cuando paso por la plaza de la Merced. Todo eso me lo perdĂa.
—¿Y quiĂ©nes son más malos, las pelĂculas o los espectadores?
—Ja, ja. Buena pregunta, eso es tirar con bala. Hay clientes que son muy especiales, pero lo peor son algunas pelĂculas.
